El blog de Marc Bernabé

Sakuran

Tuesday, June 2nd, 2009
  • Título: さくらん –Sakuran–
  • Autora: Moyoco Anno
  • Editorial: Kōdansha
  • Revista: Evening
  • Años publicación: 2001-03
  • Clasificación: josei, seinen
  • Tomos: 1

Hace ya bastante tiempo me leí este manga de prestado, pero ahora he podido releerlo gracias al regalo de Deirdre y Nerea de Pro Shoujo Spain (¡mil gracias por el detallazo!). Cuando me lo leí por primera vez, igual lo pillé en un mal momento porque por un lado no acabó de gustarme y por el otro hubo algunas escenas que no entendí debido a que los personajes utilizan una variedad del japonés arcaica y encima llena de nociones y conceptos muy del contexto en el que está enmarcada la obra y que desconocía. Ahora, tras la relectura, debo decir que me ha gustado mucho más y lo he pasado muy bien leyéndola, igual porque he pillado el libro con más ganas, porque estoy más rodado con el japonés arcaico después de enfrentarme a la traducción de obras como Ikkyū o Hanzō, o por una mezcla de los dos factores.
Sakuran es la historia de Kiyoha, una “dama de compañía” del barrio de placer de Yoshiwara, en la antigua Edo, durante la época de los samuráis. Aunque no se dice en la obra, calculo que se enmarca sobre el siglo XVIII o a principios del siglo XIX y también diré que, aunque en ningún momento se utiliza la palabra “geisha” en las páginas de este manga, la usaré para que podáis seguir fácilmente mi reseña. En vez de geisha, se usan otros conceptos y palabras que supongo eran los que se usaban en la época, siendo “geisha” una palabra más reciente que engloba a todas estas damas de compañía de hace 200 o 300 años. Uno de los conceptos que más se utilizan, por ejemplo, es el de oiran, que vendría a ser la geisha más cotizada y de más rango de cada una de las casas de placer. Solo las geishas más guapas, elegantes y exitosas podían llegar a ser la oiran de su local, lo que las erigía en la gran capitoste de todas las demás geishas, komuro (niñas que en un momento dado serían geishas), hikikomi (jovencitas que aún no están “en el mercado”) y shinzō (geisha recién puesta “en el mercado”).
Kiyoha es una geisha de lo más peculiar, con un carácter bastante violento y desenfadado muy poco propio de una chica de compañía, pero aun así, debido a su belleza y precisamente a su peculiar carácter, tiene mucho éxito entre los clientes. El tomo se abre con un episodio en el que la oiran del local muere a manos de un cliente enamorado de ella y, muy a su pesar y en contra de su voluntad, nombran oiran a Kiyoha. Es decir, que el manga empieza por el final. A partir de aquí, empieza el gran flashback que durará el resto del tomo y en el que se nos narra la vida de Kiyoha, desde que fue vendida al local cuando aún era solo una niña hasta que se convierte en una geisha cotizada, pasando claro está por el momento en el que la “venden” a su primer cliente en la ceremonia del mizuage.
 

Trabajando…

Actualmente se insiste mucho en decir que las geishas no son prostitutas, sino simples damas de compañía que charlan con los clientes, les distraen, les sirven copas, juegan con ellos y bailan y cantan para ellos. Son, como indica el nombre geisha (芸者) en japonés, “personas 者 artísticas 芸”. Ciertamente, esto es así actualmente, pero en el pasado, además de su arte y su porte, también vendían su cuerpo. Esta obra nos acerca de forma magistral a la forma de vida de estas chicas y a sus dramas internos: desde el esclavismo que representa su venta desde la más tierna infancia hasta el cautiverio total que sufrían detrás de las verjas y portones que mantenían cerrado el barrio de Yoshiwara, pasando por tórridos amoríos (incompatibles con la profesión, por supuesto) y disputas y peleas con las demás geishas del local. Moyoco Anno presenta un gran retrato de la vida en Yoshiwara de esa época muy bien documentado, con mucha gracia y simpatía y con el estilizado estilo de dibujo que caracteriza a la autora de Sugar Sugar Rune y Tokyo Style.
Clasifico este manga como seinen y como josei a la vez por varios motivos. Es seinen porque se publicó en la revista Evening, que es una publicación eminentemente para hombres. Es josei porque Moyoco Anno es una mujer y, como tal, tiene una manera particular de dibujar y presentar los argumentos, una manera que podríamos tildar sin tapujos de “femenina”. La temática también está bastante enfocada al público femenino, por lo que en este aspecto sería josei. Sin embargo, no por eso es una obra que no puedan disfrutar los hombres, ni mucho menos, por lo que, según mi manera de ver las cosas, estaría en la frontera entre el seinen y el josei, del mismo modo que ocurre con Tokyo Style (seinen porque se publicó en una revista seinen, pero josei “de corazón”). Pero bueno, al fin y al cabo esto de “seinen” y “josei” no son más que etiquetas y no creo que valga la pena devanarse los sesos en cosas así: lo importante es que la obra sea buena, y esta lo es.
Aunque Sakuran se compone de un solo tomo, Moyoco Anno retomó la obra en 2005 y empezó una segunda parte en la misma revista Evening, que de momento ha dejado inconclusa e inédita en formato libro. Por otro lado, a los curiosos les encantará saber que en 2007 se realizó una película de imagen real basada en este manga y con el mismo título.

Por cierto, si me permitís un comentario personal (bueno, al fin y al cabo este es un blog personal XD), durante mucho tiempo llegué a aborrecer el tema geishas porque me parecía una temática demasiado mistificada y ellas, demasiado encumbradas en el imaginario de la persona occidental media sobre todo por culpa de la novela y película Memorias de una geisha (¡cuánto daño hizo, y encima con una china en el papel protagonista!). Al fin y al cabo, las geishas no son más que un elemento arcaico dentro de una sociedad, la japonesa, en la que cada vez tienen menos cabida ya que están siendo desplazadas y absorbidas por la vorágine de la modernidad. Son básicamente fósiles de una época ya pasada y se están convirtiendo en simples iconos turísticos sin más valor que el que puede tener ver a un león en la jaula de un zoo (en contraposición a verlo en libertad en la sabana africana).
Sin embargo, esta opinión cambió bastante a raíz de un viaje increíble que tuve la enorme suerte de hacer hace un par de años en compañia de un matrimonio acaudalado que me contrató como cicerone e intérprete durante su viaje a Japón. En este viaje, entre muchas otras experiencias inolvidables que jamás habría imaginado que tendría, tuve la oportunidad de cenar en dos restaurantes de mega-lujo de Kioto, donde este matrimonio contrató a una maiko (aprendiz de geisha) la primera noche y a dos geishas la segunda, que tocaron y bailaron para nosotros. Fue entonces cuando mi opinión sobre las geishas cambió radicalmente, sobre todo gracias a la maiko. Su encanto, su arte para entablar conversación y su porte me dejaron fascinado. Hasta aquel momento, no entendía qué gracia podía tener una mujer maquillada totalmente de blanco, pero os juro que tras charlar un rato con ella eso se difuminó, dejó de tener importancia e incluso llegó a resultar atractivo. Francamente, no me extraña que tantos hombres se hayan enamorado de geishas a lo largo de los siglos. Y encima esa entonación al hablar, ese dialecto de Kioto tan dulce… ¡Buf, impresionante! A mis clientes les encantó la experiencia, claro, porque iban predispuestos favorablemente, pero yo iba en plan escéptico y al final quedé embelesado.

Mi dulce geisha (por cierto, si tenéis Spotify no os perdáis la canción del link, que es LA HOSTIA XDDDD)

Sigo considerando que las geishas son un elemento arcaico, pero ahora temo porque ocurrirá lo obvio, y es que se irán convirtiendo en puros reclamos turísticos. Con mucha pena escuché como la maiko me decía que estaba asistiendo a clases de inglés porque cada vez más venían extranjeros a contratarlas (sobre todo en grupo, con viajes organizados, ¡qué horror!) y necesitaba comunicarse con ellos. ¡Dios, si una de las gracias más evidentes es su entonación y su dulcísimo acento de Kioto! ¡No me las hagas hablar en inglés, que les quitas toda la gracia!
En fin, esta experiencia marcó un antes y un después en mi visión de las geishas y seguramente por eso, ahora que he releído Sakuran tras haberla tenido, me ha gustado e interesado muchísimo más que la primera vez.

Sarusuberi (Espumilla)

Saturday, August 23rd, 2008
  • Título: 百日紅 –Sarusuberi– (Espumilla)
  • Autor: Hinako Sugiura
  • Editorial: Jitsugyô no Nihon-sha
  • Revista: Manga Sunday
  • Años publicación: 1983-88
  • Clasificación: seinen, histórico, costumbrista
  • Tomos: 3

Ahora hacía un tiempo que no ponía un manga “gafapasta”, ¿verdad? ¡Pues nada, esto hay que remediarlo! Últimamente le estoy cogiendo el gustillo a esto de los manga de tipo costumbrista ambientados en el Japón feudal, y eso que no hace tanto que no me gustaba este tipo de obras. Hace poco, leí y disfruté muchísimo con Oo-oku y ahora es el turno de esta Sarusuberi. Voy a ser sincero y diré que me costó lo suyo entrar en esta obra. La adquirí tras leer una referencia a ella donde se la ponía por las nubes y se la describía como una obra maestra de la literatura manga. Lo cierto es que, en un primer momento, solo pude leerme medio tomo hasta que lo acabé dejando aparcado. Sin embargo, recientemente le he dado una segunda oportunidad y, ahora sí, he podido disfrutarla como se merece.
Sarusuberi nos cuenta retales de la vida del gran maestro del ukiyo-e (grabados tradicionales japoneses del período Edo) Hokusai Katsushika, de su hija Oei y de la gente de su alrededor, en la Edo (antigua Tokio) de mediados del siglo XIX, cuando el maestro ya era bastante mayor. Hokusai, como muchos sabréis, es el “inventor” de la palabra “manga”: fue él quien publicó una serie de libros de bocetos semicómicos a los que tituló Hokusai Manga (Dibujos irresponsables de Hokusai), que obtuvieron un gran éxito y que provocaron que la palabra manga fuera asociada a partir de aquel momento con las caricaturas o dibujos cómicos y, con el tiempo, al propio cómic.
La autora de esta obra, Hinako Sugiura, tuvo una vida lamentablemente corta (falleció en 2005 a los 46 años), pero intensa. Apasionada del período Edo, inició su carrera en el mundo del manga especializándose en obras de cómic con estilo de dibujo “a lo ukiyo-e” en la histórica revista alternativa Garo, lo que le valió hacerse un nombre en el mundillo “gafapasta” del manga en los años 80. Tuvo una carrera muy corta como mangaka, ya que en 1993 anunció que dejaba la plumilla para dedicarse a la pasión de su vida, que era el estudio de la cultura popular del período Edo (1600-1868). Como investigadora y especialista, Sugiura también destacó mucho: escribió numerosos libros y ensayos y colaboró en programas de televisión, en los que a menudo aparecía vestida con kimono. En realidad, tras su muerte se descubrió que en 1993 se le había diagnosticado cáncer y sus médicos le recomendaron que dejara la estresante y agotadora profesión de mangaka para realizar otro tipo de tareas menos exigentes y poder dedicarse mejor a luchar contra la enfermedad.

El maestro Hokusai, dibujando un dragón

Sarusuberi es una obra un poco especial. Por un lado, nos cuenta pequeños episodios de la vida de Hokusai y su entorno, presentándonos al maestro como un viejo excéntrico, muy curioso y francamente genial; un verdadero torbellino de creatividad. No en vano, el título de la obra hace referencia a semejante torrente creativo: Sarusuberi es una planta de origen oriental que, según he podido investigar, en español recibe el nombre de “espumilla” o “árbol de Júpiter”. Su nombre científico es Lagerstroemia indica. Al parecer, se trata de una planta que da flores grandes, en cantidad muy generosa, en un momento dado. Luego se les caen todas de golpe y a continuación vuelve a florecer de nuevo esplendorosa y abundantemente. Así pues, esta planta pasa a simbolizar la pasión creativa de Hokusai.
Las historias son curiosas: tal vez por esto me costó entrar en el manga la primera vez, ya que me esperaba otra cosa muy distinta (no sé exactamente qué esperaba, pero lo que me encontré me desconcertó e hizo que no pudiera entrar). Son pequeños relatos de tipo costumbrista, que nos narran episodios de la vida del viejo Hokusai. Lo que pasa es que, en ocasiones, mezcla pequeños detalles fantásticos en la historia (por ejemplo, en un momento dado, un hombre muerto cuyo rostro estaba inmortalizando Hokusai en su lecho de muerte se levanta y mira fijamente al pintor) que a mí personalmente me dejaron con un gran interrogante flotando sobre la cabeza. Sin embargo, también es verdad que, una vez entras y consigues que la obra te abra sus puertas, puedes disfrutar mucho más de su sutileza y su gracia.
El dibujo también en peculiar, ya que es bastante sencillo, pero tiene un aire “a lo ukiyo-e” muy interesante; difícil al principio, entrañable una vez te acostumbras. De hecho, las preciosas portadillas que abren cada historia están dibujadas con un estilo 100% ukiyo-e y realmente son estampas preciosas. En definitiva, esta es una obra recomendada para los “gafapastas” de pro, y más si están interesados en cómo se vivía en la primera mitad del siglo XIX en la antigua Edo y en conocer más sobre la figura del excéntrico Hokusai, su hija y sus discípulos. Los amantes del shônen, el shôjo romanticón o los seinen de acción, abstenerse. Solo recomendado para fans de Taniguchi y similares.

Moyashimon (Tales of agriculture)

Thursday, July 31st, 2008
  • Título: もやしもん -Moyashimon- (Tales of agriculture)
  • Autor: Masayuki Ishikawa
  • Editorial: Evening
  • Revista: Kôdansha
  • Años publicación: 2004-?
  • Clasificación: seinen
  • Tomos: 7 (en curso)

Hacía ya un tiempo que le tenía echado el ojo a este manga, puesto que lo veía muy destacado en las librerías japonesas, y eso es señal indudable de que es un manga que está gustando y que está consiguiendo éxito entre los lectores. Pero claro, con tantos manga que comprar, uno tiene que ser selectivo y siempre me había resistido a comprarlo… Y es que, si uno lee el argumento (las aventuras de unos estudiantes en una universidad de agricultura, uno de los cuales tiene la facultad de “ver” bacterias y otros microorganismos a ojo desnudo), tampoco es que acabe ardiendo en deseos de comprar ese manga y meterse en el primer Starbucks, Doutor Coffee o similar que haya por la zona para leérselo. Pero cuando uno se entera de que la obra ha ganado este año 2008 el Gran Premio de los Premios Tezuka de Manga (que sería como el equivalente en manga al de “mejor película” de los Óscars) y el Premio Manga Kôdansha ya no puede seguir mostrándose reacio y acaba adquiriéndolo.
Y, cómo no, ha resultado ser una obra divertida, educativa, entretenida y entrañable. Sí señor, Moyashimon es uno de los manga más curiosos que he tenido el placer de leer últimamente, pero a la vez es un manga que se deja leer y entretiene. El argumento va de un par de chavales de provincias que entran como estudiantes a una universidad de agricultura de Tokio. Tadayasu Sawaki es hijo de una familia de tanekôji-ya (un negocio que consiste en criar todo tipo de levaduras y bacterias que se usarán luego en la confección de productos tan básicos para la cocina japonesa como el miso, la salsa de soja, el sake, el shôchû o el mirin). En esa región, a los tanekôji-ya se los llama moyashimon (moyashi son “brotes de soja” y mon sería algo como el sufijo “-ero”, así que sería algo como “brotadesojeros”), y de ahí viene el título del manga. La gracia es que Tadayasu es capaz, desde muy pequeño, de ver bacterias y todo tipo de microorganismos sin necesidad de microscopio. Su amigo de la infancia, con el que entra a la Universidad Agrícola de Tokio, es Kei Yûki, hijo de una familia de fabricantes de sake.
Cuando ambos entran a la universidad, acaban en el seminario del excéntrico profesor Keizô Itsuki, conocido de los padres de ambos y gran estudioso del proceso de la fermentación. El tipo es el típico profe loco de universidad (me recuerda a uno que tuve yo en Osaka) capaz de enterrar una morsa en cuyo interior se han colocado decenas de gaviotas muertas y, tras un período de varias semanas, desenterrarla, sacar las gaviotas y beberse a través de su ano sus entrañas podridas y deshechas en lo que, según él, es el kiviak, un “plato” esquimal (aquí la foto de un friki japo comiendo kiviak, “una comida que le encanta” (sic.))

El niño que veía microbios caricaturescos, ideales para hacer peluches de ellos…

En fin, sin entrar en más detalles de las excéntricas comidas de Itsuki, lo importante es que Sawaki puede ver a simple vista las bacterias y microorganismos, lo que le permite detectar por ejemplo qué tipo de sustancia es la que tiene delante o cuándo una comida está intoxicada solo con ver las bacerias que la pueblan. La gracia es que “ve” a estas bacterias como pequeñas caricaturas súper monas, cada una distinta de la otra (ver página de muestra). El autor detalla al margen, com comentarios jocosos, el nombre real de estas bacterias y nos da una indicación de su “carácer”. Ejemplo: “A. Aceti: se tranquiliza cuando se cristaliza” o “A. Orizae: Se cree que puede hacer casi de todo”.
En cualquier caso, la historia se estructura en torno a la acción de las bacterias o microorganismos que ocurren alrededor del seminario del profesor Itsuki, formado por Tadayasu y Kei, la guapa y fuerte de carácter estudiante Haruka, los “frikis” redomados Misato y Kawahama y la también nueva Hazuki Oikawa. A destacar por ejemplo el episodio de cuando Misato y Kawahama intentan hacer sake ilegalmente, a escondidas de todo el mundo, pero se les fastidia el invento cuando sufren una invasión de bacterias “hiochi“, letales para el sake; o el episodio del conato de intoxicación alimentaria por curry de los nuevos estudiantes de la universidad, un desastre que Tadayasu logra evitar en el último momento gracias a que “ve” en el curry unas bacterias que no deberían estar allí, etc.
Moyashimon también ha sido adaptado al anime, concretamente en una serie de solo 11 episodios emitida en Fuji TV entre octubre y diciembre de 2007. No he tenido el placer de ver el anime, pero estoy seguro de que es una muy buena serie, ya que el manga en el que está basada es de lo más curioso, bizarro y a la vez entretenido.

Nonnonbaa to ore – La abuela y yo-

Sunday, April 13th, 2008
  • Título: のんのんばあとオレ -Nonnonbaa to ore (La abuela y yo)
  • Autor: Shigeru Mizuki
  • Editorial: Chikuma Shobô
  • Revista:
  • Años publicación: 1977
  • Clasificación: Shônen-seinen
  • Tomos: 1

Shigeru Mizuki es uno de los grandes. Nacido en 1922 y todavía en activo a sus 86 añazos, este veteranísimo mangaka participó en la Guerra del Pacífico, donde perdió el brazo izquierdo (lo que significa que ha realizado TODA su extensísima obra con un solo brazo), hizo de “cuentacuentos” por la calle (kamishibai), realizó numerosos encargos para las “librerías de préstamo de manga” (kashihon’ya), se consagró como mangaka de éxito en los años 60 y finalmente se ha erigido como uno de los especialistas más eminentes de Japón en el ámbito de lo paranormal. Investigar la obra de Mizuki a fondo llevaría años debido a lo bestialmente prolífico que ha llegado a ser este autor, en todos los ámbitos de su carrera. Básicamente, podemos destacar tres grandes tendencias en su obra:

  • Yôkai. los “yôkai” (妖怪) son los seres sobrenaturales japoneses. Fantasmas, monstruos, entes espirituales… Es muy difícil definir brevemente al yôkai, porque tampoco son malos ni buenos necesariamente, los hay con formas sólidas y otros etéreos -tipo fantasmas- y también los hay que no hacen nada, simplemente que están ahí. Mizuki, como veremos, es un gran maestro en el arte de lo paranormal, y en todo Japón, incluso a nivel académico, siempre que se menta a grandes estudiosos de lo paranormal surgen de buenas a primeras dos nombres: Kunio Yanagita, el gran padre de la etnología japonesa, y el propio Shigeru Mizuki. Mizuki ha publicado infinidad de obras presentando a los distintos yôkai, como enciclopedias, libros ilustrados, series de televisión, etcétera. Para los curiosos, una de sus recopilaciones de yôkai está en disponible en italiano (Enciclopedia dei mostri giapponesi, Kappa Edizioni) y francés (Yôkai. Dictionnaire des monstres japonais, Pika Éditions). Dentro de esta corriente “fantasmagórica” destaca el manga GeGeGe no Kitarô, tal vez su obra más famosa, que ha sido adaptada a anime (e incluso a película de imagen real) repetidas veces -y que tengo en la lista de obras por reseñar próximamente, permanezcan atentos a este blog-.
  • Histórico y bélico. Debido a su participación como soldado en la II Guerra Mundial, Mizuki ha escrito numerosas obras sobre la propia guerra (tanto en forma de manga como de ensayo), pero no se ha quedado ahí, sino que también tiene obras históricas y hasta una biografía de Adolf Hitler, que Glénat ha anunciado que editará en español, convirtiéndose así en la primera obra de Shigeru Mizuki que aparece en España.
  • Autobiográfico. Estamos ante un autor que no se corta a la hora de contar su pasado, y así tenemos varias obras que narran la vida de Shigeru Mizuki contada por él mismo, sobre todo en forma de manga. Se trata de libros interesantísimos, ya que nos abren la puerta a la totalidad de la era Shôwa (1926-1989) desde la perspectiva de alguien que la vivió de principio a fin. De hecho, su obra autobiográfica más conocida se titula 昭和史 Shôwa-shi (Historia de la era Shôwa).
El manga que tengo el gusto de reseñar en esta ocasión es principalmente autobiográfico, pero también tiene mucho que ver con los yôkai. Nos cuenta la infancia del joven Shigeru en su pueblo natal de Sakai-Minato, en la prefectura de Tottori (Japón “profundo” donde lo haya), y su relación con una anciana vecina llamada Fusa Kageyama, a la que todos conocían con el sobrenombre de “nonnonbaa”. Por lo que he podido investigar, “Nonnon-sama” (señora Nonnon) es como se llamaba en Sakai-Minato a la diosa budista Kannon. “Baa” significa “vieja”, “anciana”, y por lo tanto “nonnonbaa” es una manera dialectal de decir “abuela muy creyente”.
Nonnonbaa fue la que prendió la mecha de la pasión del joven Shigeru (a quien llamaban de pequeño “Gege”) por lo sobrenatural. Esta abuela fue la que le contó todo tipo de historias fantasmales y le fue hablando sobre los diferentes yôkai que existen y cómo hacerles frente (o evitar que se enfaden contigo o incluso propiciar que te echen una mano). La pobre Nonnonbaa se quedó viuda ya bastante anciana y la familia de Mizuki la contrató en primera instancia para hacerse cargo de las tareas del hogar, de ahí que Shigeru y ella reforzaran extraordinariamente el fuerte vínculo que ya tenían de antes, de cuando el joven futuro mangaka iba a visitarla a su casa para que le contara historias.

El joven Shigeru, Nonnonbaa y un yôkai

El manga es básicamente autobiográfico y nos cuenta las peripecias de Shigeru durante su infancia, a principios de los años 30, como por ejemplo las guerras de bandos que había entre los niños de los diferentes barrios, sus experiencias en la escuela y la gente a la que iba conociendo, así como a la alta mortalidad infantil, algo cotidiano y normal en la época, que se presenta como un suceso más, sin ahondar demasiado en el drama. También podemos conocer a su familia, con una madre orgullosa de proceder de una familia “que antaño poseía no sé cuántos almacenes” (como repite varias veces) y un padre bastante vivalavirgen. Es muy interesante ver cómo se vivía en el Japón rural de la preguerra y solo por esto el libro ya vale la pena.
A pesar de presentarnos la infancia del joven Shigeru y su bellísima relación con la entrañable Nonnonbaa, el libro también se permite pequeños desvíos hacia lo fantástico, con la aparición de algunos yôkai. Por un lado, es un poco decepcionante que haya estos retazos de fantasía en la obra, porque se desdibuja su “veracidad” como obra autobiográfica y provoca que el lector dude de si la obra es autobiográfica de verdad o no (me consta que sí). Supongo que se puede considerar a estos desvíos como representaciones de lo que realmente estaba pensando el pequeño Shigeru, es decir, que se pensaba que realmente ahí había un yôkai y que lo estaba viendo.

Este tomo único de 403 páginas es una gozada de principio a fin y lo disfruté como pocos libros me hacen disfrutar. La obra se publicó en dos partes en 1977, directamente en forma de libro (es decir, que no fue prepublicado en ninguna revista, como es lo habitual). Desafortunadamente, no he podido conseguir una edición original de la obra porque son muy difíciles de encontrar y aparte van carísimas. Actualmente, existen dos ediciones recientes disponibles en librerías japonesas: una en formato “bolsillo” publicada por Kôdansha (que es la que yo tengo y cuya portada aparece escaneada al principio del post) y otra en formato “lujo”, que la editorial Kadokawa publicó en 2007 con motivo de la consecución por parte de esta obra del Premio al Mejor Álbum del Festival de Angoulême 2007 (la primera vez que una obra japonesa recibe este premio del prestigioso festival dedicado sobre todo a la “bande dessinée” francobelga). Esta obra de lujo es en formato A4, tremendamente grande y pesada, y también cara (3800 yenes). Yo habría preferido agenciarme esta última edición pero, siendo realistas, su tamaño y peso me tiraron para atrás (que luego esto hay que facturarlo en el avión o enviarlo por correos).
Para los curiosos y en espera de que alguien se decida a publicar esta obra en España (que seguro que alguien lo hace, y más después de la consecución de semejante premio; lo que me extraña es que nadie haya anunciado su licencia todavía), sabed que obviamente está disponible al otro lado de los Pirineos con el título de NonNonBâ (Ed. Cornélius, 2006).

Munakata Kyôju Ikôroku

Wednesday, December 26th, 2007
  • Título: 宗像教授異考録 Munakata Kyôju Ikôroku
  • Autor: Yukinobu Hoshino
  • Editorial: Shôgakukan
  • Revista: Big Comic
  • Clasificación: Seinen
  • Tomos: 6 (en curso)


Uno de los autores más completos e incomprensiblemente casi desconocidos en Occidente (por el momento, esperemos) es Yukinobu Hoshino. Autor de la imprescindible serie de ciencia-ficción filosófica 2001 Sen’ya Monogatari (Las 2001 Noches) -que fue publicada hace muchos años en EE.UU.-, Hoshino no tiene todavía ninguna obra publicada en España. Y eso a pesar de que posee una capacidad de dibujo sublime y una magistral puesta en escena que recuerda al estilo de Yasuhiko Yoshikazu.
Munakata Kyôju Ikôroku (Crónicas sobre pensamientos distintos del profesor Munakata) es una serie rara, así directamente. Nos cuenta las andanzas por el archipiélago nipón del profesor Munakata (un tipo corpulento, calvo, con bigote y de estilo de vestir similar al de Black Jack con sombrero bombín), especialista en folklore japonés. Munakata investiga sobre antiguos ritos, descubre los verdaderos orígenes de ancestrales leyendas y realiza fabulosos hallazgos arqueológicos.
A mí me encanta porque me fascina el folklore japonés, sus leyendas y sus detalles oscuros ante los que el mismísimo Lovecraft palidecería. Una de mis asignaturas favoritas durante el máster de japonología que realicé en la Universidad de Estudios Extranjeros de Osaka era precisamente la de folklore, del peculiar profesor Shunsuke Okunishi. En principio creo que la clase iba sobre cultura japonesa o algo así, pero en realidad Okunishi siempre se iba por las ramas y nos contaba todo tipo de leyendas, historias y datos arcanos que podían explicar costumbres actuales de los japoneses (y de los occidentales). Okunishi es uno de los poquísimos “folkloristas” que existen actualmente en Japón y sus erráticas clases me fascinaban. No puedo evitar relacionar al profesor Okunishi con el Munakata de esta obra, la verdad. Aunque sé perfectamente, conociendo a Okunishi, que me diría con su cerrado acento de Kansai que “esto del Munakata éste que te lees es una soberana gilipollez”, no puedo evitar disfrutar como un enano de esta lectura.

En realidad, esta serie es una secuela de Munakata Kyôju Denkikô (Pensamientos extraños del profesor Munakata), publicada en seis tomos por la editorial Ushio. Sólo he podido conseguir el tomo 1 de esta primera serie, y tras leerlo puedo decir que es muchísimo más fantástica y “fumada” que la nueva serie. Ikôroku intenta ser más realista (aunque sus momentos de fantasmada sí tiene), mientras que Denkikô es bastante más cogida por los pelos. No obstante, a la mínima que pueda me haré con los cinco tomos restantes de Denkikô, ya que mi alma de folklorista me los pide.
Ambas series, pero sobre todo Ikôroku, tienen un interés bajo para los lectores occidentales, básicamente porque hablan principalmente de leyendas y misterios puramente nipones. Me imagino que, si llegaran a editarse, necesitarían extensos artículos complementarios que explicaran mejor el trasfondo de cada historia. Y aun así, dudo que muchos de los actuales lectores de manga mostraran interés por estas obras.